EBITDA y utilidades: por qué no son lo mismo al valorizar una empresa

In the procesos de valorización de empresas, fusiones y adquisiciones, existen conceptos financieros que se repiten con frecuencia y que, pese a su uso habitual, suelen ser mal interpretados. EBITDA y utilidades son probablemente los dos ejemplos más claros de esta situación.

Ambos provienen del estado de resultados, ambos se utilizan para evaluar desempeño y ambos aparecen en conversaciones entre empresarios, bancos e inversionistas. Sin embargo, no representan lo mismo ni cumplen el mismo rol cuando se busca estimar el valor económico de una empresa.

The confusión entre EBITDA y utilidades no es un problema meramente técnico. En la práctica, puede derivar en expectativas de precio mal fundadas, negociaciones desalineadas o decisiones estratégicas equivocadas.

Valorizar una empresa no consiste en elegir un indicador y multiplicarlo por un número arbitrario, sino en comprender qué tan sostenible, escalable y riesgosa es su capacidad de generar flujos de caja en el tiempo.

En este artículo abordamos en profundidad qué mide realmente el EBITDA, qué representan las utilidades, por qué no son equivalentes y cómo deben ser correctamente interpretados dentro de un proceso serio de valorización empresarial.

Por qué existe confusión entre EBITDA y utilidades

La principal razón de la confusión es que ambos indicadores surgen del mismo documento financiero: el estado de resultados. A simple vista, puede parecer que la diferencia entre uno y otro es solo una cuestión de “qué líneas se incluyen y cuáles se excluyen”, cuando en realidad la lógica económica que hay detrás de cada indicador es distinta.

El EBITDA suele asociarse a la idea de “capacidad de generación de caja”, mientras que las utilidades se vinculan con la noción de rentabilidad. Esta simplificación conceptual, aunque extendida, es peligrosa. El EBITDA no es flujo de caja, y las utilidades no representan necesariamente efectivo disponible para los accionistas. Ambos indicadores responden a preguntas diferentes y, por lo mismo, deben ser utilizados con cuidado y contexto.

En procesos de compra y venta de empresas, esta confusión se intensifica porque el mercado ha adoptado el EBITDA como una referencia rápida para comparar negocios. Sin embargo, cuando se transforma en el único eje del análisis, se pierde de vista lo más relevante: el valor no está en el indicador, sino en lo que ese indicador no muestra por sí solo.

Qué es el EBITDA y qué intenta medir

El EBITDA corresponde al resultado de la empresa antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones. Su lógica es aislar el desempeño operativo del negocio, eliminando efectos que dependen de decisiones financieras, tributarias o contables, y que pueden variar significativamente entre empresas comparables.

Desde esta perspectiva, el EBITDA busca responder cuánto genera el negocio a nivel operacional puro, considerando únicamente su capacidad de producir resultados a partir de su actividad principal. Por esta razón, se utiliza con frecuencia para comparar empresas que operan en una misma industria, pero que tienen estructuras de capital, niveles de endeudamiento o políticas contables distintas.

No obstante, es importante entender que el EBITDA es una aproximación parcial. Al excluir depreciaciones y amortizaciones, deja fuera el costo económico de mantener y reponer los activos necesarios para operar. Asimismo, al no considerar impuestos ni gastos financieros, ignora elementos que sí afectan la disponibilidad real de recursos para los accionistas.

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Las limitaciones estructurales del EBITDA en valorización

Uno de los errores más frecuentes en valorización es asumir que un EBITDA alto equivale automáticamente a un negocio valioso. En realidad, el EBITDA no incorpora elementos fundamentales para la creación de valor económico en el largo plazo. No considera las inversiones necesarias para sostener el crecimiento, ni las necesidades de capital de trabajo, ni los riesgos asociados al modelo de negocio.

Existen empresas con EBITDA elevados que requieren reinversiones constantes en activos fijos, tecnología o infraestructura. En estos casos, una parte significativa del resultado operativo se destina simplemente a mantener la operación funcionando, sin generar valor adicional para los accionistas. Valorizar estos negocios únicamente sobre la base del EBITDA puede llevar a sobreestimaciones relevantes.

Por lo mismo, el EBITDA debe ser entendido como un punto de partida analítico, no como un proxy del valor ni como una medida suficiente para sustentar decisiones de inversión o negociación.

Qué representan las utilidades y cómo deben interpretarse

Las utilidades, o resultado neto, corresponden al resultado final después de incorporar todos los ingresos y gastos del período, incluyendo costos operativos, gastos financieros, impuestos, depreciaciones y amortizaciones. Desde un punto de vista contable y legal, este es el indicador que determina si una empresa “ganó” o “perdió” dinero en un ejercicio determinado.

Las utilidades cumplen un rol relevante en múltiples ámbitos, como la distribución de dividendos, el cumplimiento de obligaciones legales o la evaluación del desempeño histórico. Sin embargo, desde la óptica de valorización, las utilidades no reflejan necesariamente la capacidad de generación de caja del negocio, ni su potencial de creación de valor futuro.

Esto se debe a que las utilidades están influenciadas por criterios contables que no implican salidas reales de efectivo, así como por decisiones tributarias y financieras que pueden variar en el tiempo. Una empresa puede mostrar utilidades positivas y, al mismo tiempo, enfrentar tensiones de liquidez o requerir financiamiento adicional para operar.

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EBITDA y utilidades no son flujo de caja

Tanto el EBITDA como las utilidades suelen confundirse con el flujo de caja, pero ninguno de los dos lo representa fielmente. El flujo de caja libre, que es el concepto central en valorización, considera no solo el resultado operativo, sino también impuestos efectivos, inversiones en activos, variaciones en capital de trabajo y riesgos asociados al negocio.

Una empresa puede tener un EBITDA atractivo y utilidades positivas, pero consumir caja de manera sistemática debido a altos niveles de inversión o a una estructura operativa exigente. En estos casos, el valor económico real del negocio puede ser significativamente menor al que sugieren los indicadores contables.

Por esta razón, los métodos modernos de valorización no se basan en EBITDA y utilidades, sino en la proyección y descuento de flujos de caja libres futuros.

Rol del EBITDA y las utilidades dentro de una valorización

En un proceso de valorización riguroso, como un Flujo de Caja Descontado (DCF), tanto el EBITDA como las utilidades cumplen roles específicos, pero subordinados al análisis de flujos. El EBITDA suele utilizarse como base para estimar el resultado operativo futuro, mientras que las utilidades permiten validar consistencia contable y coherencia financiera del modelo.

The valor de la empresa surge de proyectar cuánto efectivo podrá generar el negocio para sus inversionistas, ajustado por el riesgo y el crecimiento esperado. En este contexto, el EBITDA es un insumo, no un resultado, y las utilidades son una consecuencia contable, no un driver de valor.

Reducir la valorización a un múltiplo de EBITDA o a un análisis de utilidades es simplificar en exceso una realidad mucho más compleja.

Por qué dos empresas con el mismo EBITDA pueden valer cosas muy distintas

Es común encontrar empresas con EBITDA similares que presentan valorizaciones radicalmente diferentes. Esto ocurre porque el valor no depende solo del nivel de resultado operativo, sino de su sostenibilidad, escalabilidad y riesgo. Factores como la intensidad de capital, la estabilidad de los flujos, la diversificación de clientes, las barreras de entrada o la dependencia de personas clave tienen un impacto directo en el valor económico.

Una empresa con EBITDA estable, bajo requerimiento de inversión y flujos predecibles será, en general, más valiosa que otra con el mismo EBITDA pero alta volatilidad, grandes necesidades de reinversión y mayor riesgo operativo. El EBITDA, por sí solo, no captura estas diferencias.

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Entender la diferencia es clave para valorizar correctamente

EBITDA y utilidades son indicadores útiles, pero no son equivalentes ni intercambiables, y mucho menos representan valor por sí mismos. Confundirlos puede llevar a errores relevantes en procesos de inversión, venta o planificación estratégica.

Estimar el valor una empresa exige ir más allá de los resultados contables y entender la lógica económica del negocio, su capacidad real de generar flujos de caja y los riesgos asociados a esa generación. En este sentido, el verdadero valor no está en el EBITDA y utilidades, sino en lo que ambos ayudan, o no, a explicar.

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